
Por lo que cuentan los testimonios de la época, los piratas eran la versión náutica de los salteadores de caminos, es decir, su único ideal en la vida era apropiarse de los bienes ajenos, y además lo hacían con una crueldad y ensañamiento que ponía los pelos de punta. Sin embargo, la leyenda no conoce a estos piratas sino a otros, nobles y apuestos, que siempre dan una oportunidad a sus enemigos y nunca roban ni matan sin una coartada impecable: vengar una antigua ofensa o defender a su patria. Esta versión mitificada del pirata —no muy distinta a la de los «bandidos generosos» de tanta tradición en España— tiene su mejor plasmación en las novelas de Emilio Salgari, que situó en el Caribe a sus famosos corsarios de colores (el negro, el rojo y el verde) y en la más remota Malasia al mítico Sandokán, sin duda su creación más emblemática. Otro hito de la iconografía piratesca es el Capitán Blood de Rafael Sabatini, al que Errol Flynn daría en 1935 su rostro y maneras convirtiéndose en el espejo en que se mirarían todos los que posteriormente, en Hollywood y en Europa, han hecho ante las cámaras de «hermanos de la costa».
Siguiendo su línea de revisar el cine popular europeo de los años 50-60 del pasado siglo, Impulso Records ofrece dos series de piratas navegando literalmente por los «siete mares»: no sólo el tradicional Caribe —conocido por los anglosajones como The Spanish Main, «el dominio español»— sino también el archipiélago malayo (nuestro viejo amigo Sandokán encarnado por el gran Steve Reeves) o el más cercano Mediterráneo, donde las potencias cristianas (representadas por Gordon Scott o Massimo Serato) tienen que afrontar el empuje militar del Islam. También podemos ver en acción a corsarios patriotas, tanto al servicio del rey de España como de Su Graciosa Majestad británica; una mujer pirata con los rasgos siempre seductores de Gianna Maria Canale, y un hijo del Capitán Blood interpretado nada menos que por Sean Flynn, el hijo de Errol, que tras una breve carrera de actor en Europa desaparecería en la selva vietnamita en un final propio de la mejor película de aventuras. Lex Barker, lejanos ya sus años de Tarzán, nos demostrará su ductilidad con dos personajes antitéticos, el del feroz Dragut y el de un no menos implacable exterminador de piratas. Y no nos olvidemos del pintoresco Long John Silver, el de la pata de palo, la botella de ron y la isla del tesoro que animó las lecturas de infancia de tantas generaciones encandiladas por la dinámica prosa de Robert Louis Stevenson, y al que veremos con la masiva corporeidad de Orson Welles.
Preparados, pues, para ver ondear el Jolly Roger y oír como resuena el tradicional grito de guerra de los piratas de todos los mares: «¡¡¡Al abordaje!!! ».
RAFAEL DE ESPAÑA
Centro de Investigaciones Film-Historia, Universidad de Barcelona |